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15 cosas que hacer en CDMX que los chilangos olvidan

Rincones, sabores y rituales chilangos que están a la vista pero pocos volteamos a ver
May 10, 2026 by
15 cosas que hacer en CDMX que los chilangos olvidan
Erika Caparros

15 cosas que hacer en CDMX que los chilangos olvidan (aunque no son 15, son las que sí valen la pena)

Vivir en la Ciudad de México tiene una trampa: la costumbre. Pasamos por el Zócalo camino al trabajo, vemos el Ángel desde el Uber y juramos que "un día" iremos al museo nuevo… que abrió hace seis años. Si eres chilango de hueso colorado o llevas suficiente tiempo aquí para sentirte uno, esta lista es un recordatorio cariñoso. Y si vienes de visita en 2026, mejor todavía: te ahorras las trampas turísticas y vas directo a lo bueno. Estas son las experiencias que los locales damos por sentadas, pero que cualquier viajero internacional pagaría 3,000 pesos por vivir. Vamos.

1. Desayunar en el Mercado de San Juan un sábado temprano

Todo el mundo habla del Mercado de la Roma o del Mercado Roma (sí, son distintos), pero el Mercado de San Juan, a unas cuadras del Centro Histórico, es donde los chefs de la ciudad compran sus ingredientes raros: quesos europeos, mariscos frescos, hasta carne de avestruz. Llega antes de las 10 a.m., pide una tabla de quesos y embutidos en cualquier puesto (rondan los 250–400 MXN para dos personas) y acompáñala con una copa de vino. Es el ritual más subestimado de la ciudad y dura unas dos horas si lo haces bien. Recomendación: ve un sábado, los domingos cierran muchos puestos.

2. Caminar Reforma un domingo en bici (sin ser deportista)

De 8 a.m. a 2 p.m. los domingos, Paseo de la Reforma cierra al tráfico desde Auditorio hasta el Zócalo. Son aproximadamente 24 kilómetros de circuito si lo haces completo. Lo bonito no es la distancia, es ver la ciudad sin coches: familias patinando, perros confundidos, abuelitos en bici de los años 80. Renta una EcoBici (membresía de un día por unos 120 MXN) o súmate al programa de bicis gratis que sale del Ángel. No tienes que pedalear los 24 km; dale al tramo Chapultepec–Ángel y siéntate a desayunar después. Es lo más cercano a sentir que la ciudad es tuya.

3. Subir al Castillo de Chapultepec en lugar de solo pasar por abajo

Lo confieso por todos: hemos pasado mil veces por debajo y nunca hemos subido. El Castillo de Chapultepec es el único castillo real en América del Norte habitado por monarcas (Maximiliano y Carlota), y la entrada cuesta apenas 95 MXN (gratis los domingos para mexicanos con identificación). La caminata desde la entrada principal toma unos 15 minutos cuesta arriba — no es Everest, pero usa tenis. Arriba tienes los murales de Siqueiros y O'Gorman, los carruajes originales y una vista panorámica del Paseo de la Reforma que vale cada peso. Cierra los lunes, ojo con eso.

Vista panorámica del Castillo de Chapultepec con la Ciudad de México de fondo
Foto vía Unsplash

4. Comer mole en San Pedro Atocpan, no en Coyoacán

San Pedro Atocpan, en la alcaldía Milpa Alta al sur de la ciudad, produce el 90% del mole que se consume en CDMX. Está a unos 45 km del centro (entre 1 hora y 1 hora 40 minutos en coche, dependiendo del tráfico, que aquí siempre es un factor). Hay más de 90 moliendas familiares y restaurantes donde un plato de mole con guajolote ronda los 180–250 MXN. La Feria Nacional del Mole es en octubre, pero cualquier domingo del año encuentras el lugar lleno de familias chilangas que sí saben. Pro tip: pide para llevar el mole en pasta, dura meses y es el mejor souvenir comestible.

5. Tomar pulque en una pulquería de verdad

No, no en esa pulquería instagrameable de la Roma. Ve a Las Duelistas en el Centro o a La Pirata en la San Rafael. Un curado (pulque saborizado con fruta o avena) cuesta entre 35 y 60 MXN el medio litro. Llévate poco efectivo, pide un curado de guayaba primero y observa: los clientes regulares juegan dominó, hay rocola con cumbias y nadie está pendiente de su celular. Es probablemente el espacio social más antiguo de la ciudad — el pulque tiene más de 2,000 años de historia en el Valle de México — y sigue costando lo mismo que un café en Starbucks.

6. Ir a Xochimilco entre semana, no en sábado

Xochimilco un sábado es un karaoke flotante con borrachos. Xochimilco un martes a las 11 a.m. es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en su máxima expresión: canales tranquilos, garzas, ajolotes (sí, todavía los hay en zonas protegidas). El embarcadero Cuemanco es el más recomendado para experiencias ecológicas. Una trajinera cuesta alrededor de 600 MXN por hora, se reparte entre el grupo (caben hasta 20 personas, así que entre amigos sale en 60–80 MXN por cabeza). Pide al remero que te lleve al área de chinampas y al santuario del ajolote — esa parte sí no te la van a vender en redes sociales.

7. Ver el atardecer desde la Torre Latinoamericana

La Torre Latinoamericana tiene 44 pisos y fue, durante décadas, el edificio más alto de Latinoamérica. La entrada al mirador en el piso 44 cuesta unos 180 MXN para adultos. La magia está en cronometrarlo: llega 30 minutos antes del atardecer (revisa la hora exacta para CDMX en tu celular), porque ver cómo se prenden las luces del Centro Histórico mientras el cielo se pone rosa es de las cosas más bonitas que la ciudad ofrece y casi gratis. Hay un bar arriba si quieres extender el momento con una chela. Comparado con miradores de Nueva York (40 USD), aquí 9 USD es una ganga.

Atardecer sobre el horizonte de la Ciudad de México visto desde lo alto
Foto vía Unsplash

8. Pasar una mañana en el Museo Nacional de Antropología (sin querer ver todo)

El error clásico es intentar recorrerlo completo en un día. Son 23 salas y más de 600,000 piezas; te quemas en la sala 4 y sales odiando a los aztecas. La estrategia chilanga adulta: paga los 95 MXN de entrada, ve directo a las salas Mexica (la Piedra del Sol), Maya y Teotihuacana, y vete. Dos horas, máximo tres. El museo está en Chapultepec, así que después caminas al Lago Mayor o te metes a comer al área de Polanco. Los domingos es gratis para mexicanos pero también está saturadísimo; si puedes, ve un miércoles o jueves por la mañana.

9. Cenar tacos al pastor parado en una esquina, no sentado en un restaurante

Ningún restaurante con manteles te va a dar mejores tacos al pastor que un trompo callejero a las 11 de la noche. El Vilsito en Narvarte es el ejemplo perfecto: de día es un taller mecánico, de noche se convierte en taquería. Un taco al pastor anda entre 18 y 25 MXN. Pide cuatro al pastor con todo, una cebollita asada y una Coca de vidrio. Total: unos 130 MXN. Comer parado es parte del ritual: te obliga a estar presente, a no scrollear el teléfono y a platicar con el del lado. Esa es la verdadera comida callejera mexicana.

10. Hacer un día de librerías en la Condesa-Roma

Antes de Amazon, los chilangos pasábamos tardes enteras en librerías. La buena noticia: las librerías independientes resistieron y en 2026 están mejor que nunca. Empieza en Cafebrería El Péndulo (Condesa), continúa en Under the Volcano Books (libros en inglés, en Plaza Popocatépetl) y termina en La Increíble Librería en la Roma Norte. Casi todas tienen café adentro, así que el plan es: cómprate un libro, siéntate dos horas, lee el primer capítulo, decide si te lo llevas. Presupuesto realista: 400–600 MXN entre café, pan y un libro. Es lo opuesto a un fin de semana de centro comercial y se siente como vacaciones sin salir de la ciudad.


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Erika Caparros May 10, 2026
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